Llegamos a un momento importante en nuestro recorrido por el Vedantasara, aunque de hecho, todos los momentos son importantes.
El aspirante calificado acude a un maestro.
A la persona apta para practicar Vedanta ya sólo le falta una cosa para poder iniciar su camino: un maestro (guru) que le guíe. Se suele decir que cuando el discípulo está preparado aparece el maestro y, en consecuencia, la persona que posea los cuatro medios no tardará en encontrar a alguien que le pueda orientar en su práctica. Salvo casos excepcionales los aspirantes necesitan la ayuda de un maestro que haya recorrido el camino y, en consecuencia, posea el conocimiento liberador y pueda transmitirlo: sólo quien lo sabe puede señalar la dirección en la que hay que mirar para ver lo que ya está ahí, visible pero no descubierto.
Según los textos védicos el aspirante <<acude con leña en las manos al conocedor de los Vedas que vive en el brahman.>>
Esta frase describe lo que ha de hacer el adhikarin, la persona calificada que posee los cuatro medios: el discernimiento (viveka) le hace sentir u n gran desapego (viraga), una falta de gusto por la existencia mundana (samsara), cuyo carácter insatisfactorio ha comprendido; simultáneamente, le hace buscar desesperadamente -como busca agua quien quiere apagar un fuego que le está quemando- el conocimiento liberador (mumuksutva, anhelo de liberación). Y ese conocimiento sólo puede recibirlo de un maestro.
Los propios placeres mundanos son un aspecto del dolor. Por eso los budistas dicen sarvam duhkham, <<todo es doloroso>>. Parece una exageración, porque en la vida hay sufrimiento pero también alegría. Lo que sucede es que esas alegrías mundanas son transitorias y van precedidas, seguidas e incluso acompañadas de insatisfacción. El placer mundano es un momentáneo apaciguamiento del deseo. Subodhini alude a los <<tres dolores>> (tapatraya) de la existencia mundana. Son los dolores que proceden de uno mismo (adhyatmika), de otros seres (adhibhautika) y de <<los dioses>> (adhidaivika, es decir, de las circunstancias gobernadas por ellos). La Samkyakarikas se inicia afirmando: <<El tormento causado por las tres clases de sufrimientos hace que se busque el medio de acabar con ellos>>. La consciencia del sufrimiento es lo que desapega del mundo y lanza al aspirante a la búsqueda espiritual.
Quien intente recorrer este intrincado camino sin un guía competente que lo conozca se extraviará o, en el mejor de los casos, perderá el tiempo.
Una máxima tradicional dice: <<No hay que ir al rey, a un dios o al maestro con las manos vacías>>. En señal de respeto y, en el caso del maestro espiritual, como símbolo de entrega de uno mismo a su enseñanza. El texto upanisádico menciona la ofrenda de leña, que servirá al maestro para alimentar el fuego sacrificial. Para el discípulo, el guru es divino (gurudeva), ya que es la encarnación visible del conocimiento absoluto que es el fin último al que aspira aquél. La devoción por el maestro (gurubhakti) es un ingrediente esencial de la práctica del Vedanta.
El maestro debe ser un jivanmukta, un <<liberado en vida>>, que, aunque perciba el mundo y actúe en él, solo ve el brahman en todo. Debe ser además un srotriya, un conocedor de la sruti, la revelación védica. Debe hallarse en posesión del <<secreto>> de los Vedas, es decir, debe haber alcanzado el conocimiento dire, cto del brahman. Para ello, no es necesario que el maestro sea un erudito en el sentido convencional. Lo esencial es que el sabio esté instalado en el conocimiento del brahman, es decir, conozca el <<secreto>> de los Vedas aunque no haya oído siquiera hablar de ellos. Y la historia nos ha dado muestras muy relevantes de que eso es posible.
Comentario de Pandu:
Para mí aquí hay un hecho determinante, y es que cuando el aspirante encuentra a su guru, se siente en la gracia del maestro. Disfruta maravillado de la inmensa distancia que le separa de él, que no es más que un atisbo del sendero que quiere recorrer. Se posterna ante él y se pone en sus manos con plena confianza. Y eso, paradógicamente es como ponerse en manos de uno mismo.
Nadie es un extraño, el mundo y tu sois uno.
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sábado, 9 de mayo de 2026
jueves, 7 de mayo de 2026
Un pasito más en la exploración del Vedantasara
Dios, causa material y eficiente del mundo
La consciencia condicionada por la ignorancia con sus dos
poderes (proyección y ocultamiento), considerada principalmente en sí misma, es
la causa eficiente, y considerando principalmente su condicionante, es la causa
material del mundo.
Se plantea entonces una cuestión: todas las cosas relativas
tienen causa material (upadana karana) y causa eficiente (nimitta karana). La
primera es la materia de la que está hecha la cosa; la segunda el agente que la
ha construido. En el caso de un jarro de arcilla, la causa material es la
arcilla y la causa eficiente el alfarero.
Dios, la totalidad de la existencia relativa que incluye el
mundo y las almas, tiene dos aspectos o vertientes: el espiritual (Consciencia)
y el material (ignorancia). Si nos fijamos en el aspecto espiritual, Isvara es
la causa eficiente del mundo, porque lo que causa o configura el mundo tiene
que ser una realidad consciente, inteligente. Pero si nos fijamos en su aspecto
corporal, la causa material directa del mundo es la ignorancia o ilusión
cósmica (maya), que es el material inconsciente modelado por el Creador para
dar forma al universo. Indirectamente, como la ignorancia con todos sus
derivados solo existe en Dios, éste también es la causa material de todos los
mundos.
En sentido estricto, Isvara sólo es la Consciencia
condicionada por la ignorancia colectiva, igual que jiva (el alma) es la
Consciencia condicionada por la ignorancia individual; pero puesto que ambos
están vinculados intrínsecamente a sus condicionantes (upadhis), se puede decir
que Isvara contiene el universo entero y que el jiva es el individuo (físico,
sutil, causal y espiritual) entero. Cada uno de ellos es la Consciencia con sus
upadhis. En consecuencia, como Isvara es todo cuanto existe, no sólo es la
causa eficiente sino también la causa material de todo: todo está hecho de
Dios.
Dice el Taittiryia Upanisad, <<después de crearlo,
entró en ese mismo mundo>>. Para el Advaita Vedanta la transformación de
brahman en el mundo sólo es aparente (vivartavada), como la falsa
transformación de una cuerda en una serpiente, uno ve una cuerda y le parece
una serpiente. La serpiente no tiene por qué reproducir las características de
la cuerda porque, sencillamente, no existe aparte de la cuerda. Y lo mismo le
sucede al mundo aparte del brahman.
Podemos preguntarnos, si todo es Dios , por qué no lo vemos?
Desde el punto de vista relativo, el intelecto filosófico responde, por la
misteriosa ignorancia, la inescrutable ilusión cósmica. Desde el punto de vista
absoluto, la intuición no responde sino que disuelve la pregunta: Sí que lo
vemos. De hecho sólo vemos a Dios.
Toda esta reflexión sobre el brahman como causa del mundo se
refiere siempre al saguna brahman (brahman con atributos) o Isvara, no al
nirguna brahman (sin atributos), que también carece del atributo de <<ser
creador>>, e incluso del de <<no ser creador>>.
Igual que la araña, considerada principalmente en sí misma,
es la causa eficiente de la telaraña y, considerando principalmente su cuerpo,
es la causa material de la telaraña. Si nos fijamos en la araña como un jiva, o
ser individual, es la causa eficiente de la telaraña, dado que emite el hilo y
le da forma. Si nos fijamos en la araña como cuerpo físico, es la causa
material, ya que el hilo y la telaraña están hechos de la propia sustancia de
la araña.
El ejemplo de la araña aparece en la sruti:
<<como,la araña emite y recoge el hilo,
como las plantas crecen en la tierra,
Como el pelo crece en el cuerpo y la cabeza de un hombre
vivo,
Así todo lo que hay sale del Imperecedero (aksara).>>
Comentario de Pandu:
Desde este punto de vista, toda la realidad física que somos
y nos envuelve, es divinidad. Somos esa Consciencia, estamos hechos de ella. De
esta forma resulta evidente la no dualidad. Todo es Uno, todos somos Uno, y
somos parte de esa Consciencia cósmica. Nada pues nos es ajeno, nadie es un
extraño.
El mundo pensado desde esta concepción debe hacernos
mejores, con nosotros mismos y con lo que percibimos como los otros. Puesto que
si yo hago el bien sobre mí, lo hago también sobre el universo, y a la inversa
si hago el bien sobre el universo lo hago también sobre mí. Y todo eso en una
bellísima paradoja, el concepto "material" del bien casi se disuelve,
puesto que estamos plenamente contenidos en esa Consciencia que Es más allá de
nuestra voluntad individual.
La Realidad resulta pues infinitamente poética, una inmensa
sinfonía universal.
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